Por: Agostina Bussano
Un análisis sobre cómo la sistematicidad del agravio digital, documentada por FOPEA, altera los mecanismos de control social y degrada la calidad del debate republicano en la era de la desintermediación.
La reciente publicación del informe de la Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), titulado “Milei insulta en X”, no es simplemente una recopilación estadística de agravios en redes sociales; es un mapeo de la mutación estructural que está sufriendo la comunicación gubernamental en Argentina. Desde una perspectiva de calidad democrática, nos encontramos ante un fenómeno que trasciende la “espontaneidad” del posteo para configurarse como una estrategia deliberada de disciplinamiento y reconfiguración del espacio público.
El fin de la mediación institucional
Históricamente, la palabra presidencial funcionó como un ancla de certidumbre y un símbolo de la investidura. Lo que el monitor de FOPEA revela —con datos que evidencian una sistematicidad en el ataque a periodistas, medios y voces disidentes— es el paso de una comunicación institucional a una comunicación de confrontación permanente.
Desde la academia, observamos este fenómeno bajo la lente de la desintermediación. El Poder Ejecutivo no solo busca hablar directamente al “pueblo”, sino que intenta anular activamente a los mediadores críticos (periodistas e intelectuales) mediante el uso del estigma y el insulto como herramientas de exclusión del debate. Cuando el insulto proviene de la cima del poder, deja de ser una opinión personal para convertirse en una validación de la violencia simbólica que luego se capilariza en el ecosistema digital.
La métrica de la hostilidad
El informe destaca un patrón preocupante: la asimetría de poder. El uso de la plataforma X (antes Twitter) como un dispositivo de ataque dirigido genera lo que en ciencia política denominamos “efecto inhibitorio”. La recurrencia de términos denigratorios no busca el intercambio de ideas, sino la saturación del ecosistema informativo.
Al analizar la base de datos de FOPEA, se desprende que el objetivo es la construcción de un “enemigo necesario”. La narrativa de la “casta” se ha expandido para incluir a cualquiera que ejerza la función de fiscalización del poder. Esta técnica, si bien es eficaz en términos de engagement y cohesión de la propia base electoral en el corto plazo, erosiona las bases del pluralismo y la libertad de expresión a largo plazo.
El impacto en la salud del debate público
Como expertos en comunicación, no podemos ignorar que la arquitectura de las redes sociales premia la polarización. Sin embargo, cuando el principal emisor del Estado adopta la gramática del troll, se produce una ruptura del contrato de civilidad.La pregunta que debemos hacernos como sociedad y como académicos es: ¿qué queda del debate público cuando el argumento es reemplazado por la descalificación ad hominem? El informe de FOPEA es un llamado de atención sobre la fragilidad de los consensos básicos. El uso del insulto desde el Estado no es una muestra de autenticidad, sino una herramienta de erosión institucional que debilita el control social necesario en cualquier democracia republicana.
Hacia una ética de la responsabilidad comunicacional
La libertad de expresión es un derecho bidireccional, pero la responsabilidad de quien ostenta el monopolio de la fuerza pública es mayor. El monitoreo de agresiones digitales debe servirnos no para alimentar la grieta, sino para exigir una vuelta a la ética de la responsabilidad.

Fuente: perfil noticias
En definitiva, el trabajo de FOPEA pone cifras a una percepción ciudadana: estamos ante una presidencia que ha convertido a la red social X en un campo de batalla identitario. Para quienes analizamos los procesos políticos, el desafío es entender que detrás de cada insulto no hay solo un carácter impulsivo, sino una pedagogía del conflicto que pone en riesgo la convivencia democrática y la integridad del periodismo profesional.